Categoría: Actitud

Libérate de los «no puedo»

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¿No puedo?

No puedo. No se puede. Es imposible.

¿Cuántas veces hemos escuchado estas palabras? ¿Cuántas veces las hemos pronunciado nosotros mismos? Y lo que es peor, ¿cuántas veces nos las hemos creído?

 

Un poco de historia

Hace tiempo, cuando trabajaba en alcaldía del Ayuntamiento de Manises, se me quedó grabada una frase que solía utilizar mucho el alcalde: “si hemos sido capaces de subir a la Luna cómo no se va a poder hacer eso”. Y con esa frase me quedé para lograr conseguir algunos objetivos que, a priori, de otro modo habríamos desestimado.

Está claro que en todo influyen diversas circunstancias que pueden condicionar el logro o no de esos objetivos. Lo que aquí se discute es la actitud. Y en eso sí que podemos influir. Y mucho.

 

Creencias vS Certezas

Las creencias no son certezas. Se trata de sentencias que tienen un arraigo a lo largo del tiempo, pero no por ello obligatoriamente son ciertas o verdaderas. Es decir, se pueden modificar. Preguntadle a Copérnico, o a Colón, o a Galileo …

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Somos lo que pensamos. O como dijo Buda, “en lo que pensamos nos convertimos”. Así que con una sencilla regla de tres podemos deducir lo que seremos o en qué nos convertiremos si nuestros pensamientos son negativos.

Los pensamientos negativos son peligrosos. Nuestros pensamientos influyen en nuestro comportamiento y en nuestras emociones. Si aquellos son negativos, harán que baje nuestro nivel de autoestima, nuestro espíritu de superación, causará parálisis emocional y deteriorará nuestro entusiasmo. Inevitablemente todo esto influirá también en nuestro estado físico y, por ende, en nuestra salud.

 

Positivos

Así que mucho mejor si nos colocamos una sonrisa en el cerebro, a modo de filtro, de tal modo que todo lo que entre y lo que salga lo haga con una modelación positiva y alegre. Ello influirá en nuestro estado de ánimo, en nuestras emociones, y repercutirá en una mejora positiva general que nos puede deparar muchas y grandes alegrías.

Y como muestra, un botón. Os dejo el vídeo del “Circo de las Mariposas”.

Disfrutad.

 

Loris Karius (o cómo gestionar la presión)

Loris Karius. Muchos no tendréis ni idea de quién es. Otros (los más) lo habréis visualizado, vilipendiado, ridiculizado, os habréis mofado de él… Una pequeña parte se habrá sentido mal por él, le habrá hecho compadecerse o incluso lamentar su situación.

Loris Karius es portero del Liverpool Football Club. Se ha hecho archiconocido a nivel mundial por su actuación en la final de la Liga de Campeones de la UEFA. Su “mala” actuación que, con sus errores (fruto de la presión del momento), contribuyó fuertemente a que su equipo perdiera dicho partido y, consecuentemente, no alcanzara “la Gloria”, ha conseguido ponerle como «trending topic» en las redes sociales.

La cantidad de “memes”, burlas, chanzas, historietas y demás que han llenado las redes sociales como Twitter y Facebook, ha sido enorme. Obviamente todas dirigidas a crucificar al mencionado jugador. Sin embargo, quiero destacar otros aspectos de esta situación que siempre suelen pasar inadvertidos, o que simplemente hemos denostado, abandonado o perdido:

 

  • Para perder una final hay que llegar a ella. Solo puede hacerlo quien ha superado a todos los rivales anteriores. Es decir, solo pierde un partido, el último. Y en cambio, perder una final es interpretado mayormente como un fracaso…

 

  • El portero del Liverpool pidió disculpas a su afición … y ésta le respondió con grandes aplausos. Se valora todo en esa ovación: el haber llegado, el haber podido fallar.

 

  • Un partido no lo juega un solo jugador, con lo cual no lo gana ni lo pierde un solo jugador. Lo gana o lo pierde todo el equipo. Sin embargo no valoramos lo mismo el error del delantero que no marca gol cuando estaba todo a su favor, como el error del portero que supone gol. NI el del defensa que pierde un balón importante o el del jugador que comete una falta tonta y le supone tarjeta amarilla, condicionando el resto de su partido así como el de sus compañeros

 

Y todo esto viene a colación porque juzgamos (a los demás) con una facilidad y una superficialidad sorprendente. En ningún momento nadie ha tenido en cuenta los condicionantes de esos momentos. En ningún momento nadie se ha parado a reflexionar sobre la presión que supone jugar una final, en un ambiente caldeado como es un estadio en esos momentos. Los comentaristas (haciendo un halago de virtuosismo comparativo) lo llaman “olla a presión”. Es más, pocos se han parado a imaginar, a pensar qué habrían hecho en esa misma situación, cómo habrían respondido ante la misma.

Desde la televisión es muy fácil ver los errores y criticarlos. También es sencillo ver las causas y la solución, y aplicarla a posteriori (eso ya lo hacemos menos). Pero nunca se podrá ver la tenaz tensión a la que sometemos a nuestras neuronas, tanto en una dirección como en la contraria.

Aprender a manejar esas situaciones, es esencial en un deportista profesional, máxime cuando se compite en las categorías más altas. De cómo se interactue con estas circunstancias dependerá mucho el progreso y la evolución, y por ende la carrera profesional del deportista. Y esto, es aplicable en todos los ámbitos deportivos, en todas las disciplinas y a todos los niveles.

 

Ser valiente no es (solo) cuestión de suerte

Llevaba tiempo sin escribir. Sí, lo sé. No me lapidéis por ello. El caso es que tras una etapa bastante atareada en lo laboral, la neurona andaba un poco saturada y no fluían las ideas. Sin embargo, una buena canción, una buena amiga, una conversación, y un poco de reflexión, me han dado la energía suficiente para iluminar la bombillita.

https-::primerotrosidigo.files.wordpress.com:2014:03:intoSer valiente no es sólo cuestión de suerte. Es parte de la letra de una canción de Vetusta Morla. Su título es precisamente “Valiente”. Y de eso se trata. De serlo.

Antes que nada quiero dejar claro que para mí la suerte no existía como algo etéreo que te caía sin más. Siempre he pensado que la suerte se crea. Como me dijo otra amiga, “la suerte no existe, hay que labrársela”. Efectivamente, así creo yo que es. Más aún desde que mi “seño” de Coaching, Anna Fortea, me dio la definición más acertada que conozco de lo que es. Lo pongo en grande y remarcado:

SUERTE = PREPARACIÓN + OPORTUNIDAD

Así se entiende mucho mejor el concepto de suerte. Cuando estás preparado, y por ello se entiende formado, educado, hecho en algo, podrás aprovechar la oportunidad que se te presente en el momento en que se te presente. Y oportunidades tenemos todos los días, oigan. Eso es así. Otra cosa es que seamos capaces de verlas o tengamos los recursos necesarios para poder aprovecharlas. Y además, hay que ser valiente.

Sí amigos y amigas, hay que ser valiente (y no, no voy a decir que también hay que ser valienta :P). El mero hecho de estar preparado y que se te presente una oportunidad no significa que seamos capaces de aprovecharla. Como se suele decir en nuestro rico idioma en un plano más coloquial e informal: “hay que echarle huevos”. Y para eso no todo el mundo vale… ¿O sí?

Normalmente las oportunidades no vienen pintadas de alegres y llamativos colores (de eso debemos encargarnos nosotros pintando los días de colores 😉 ). En muchas ocasiones son grises, oscuras y puede que tenebrosas. Y en una buena parte suponen tener que levantarse del sofá y echar a andar. En resumen, suelen traer consigo una necesidad de salir de nuestra zona de confort. Y ahí, AHÍ, es donde radica el quid de la cuestión. Ahí es donde cada cual puede demostrar su valentía. Empezando por tomar la decisión de sacar partido de esa posibilidad que se nos presenta.

new-sad-boy-wallpaperTomar decisiones no es algo fácil. Como decía Quim Gutiérrez en la película “Primos”: “Desayunar, no es tan fácil como parece.” Desde que nos despertamos estamos tomando decisiones, en todo momento. La mayoría de ellas no somos conscientes de que las tomamos, se han convertido en automáticas. El problema viene cuando debemos tomar una decisión meditada. Y ahí influyen muchos y variados factores que, de una u otra forma, nos obligan a cambiar algo, a movernos de nuestro sofá y echar a andar en una dirección determinada de antemano por nosotros mismos.

No, no es fácil. Ni imposible. Se trata de superar miedos, de ser valientes. Valiente no es quien no siente miedo; valiente es quien supera ese miedo y se arriesga a avanzar. Y creedme: vale la pena. Se aprende, se mejora, se asciende, se obtienen beneficios SIEMPRE. En dos palabras que también me inculcó muy bien Anna: SE EVOLUCIONA.

Como veis, ser valiente no es sólo cuestión de suerte. En muchas ocasiones ni siquiera es necesaria ésta para que tengamos la oportunidad de demostrarlo.

 

Os dejo un vídeo musical interesante 🙂