Actitud

Tengo COVID

¿Quién te prepara para esto? ¡Nadie! Salvo tú mismo … Y en esa salvedad está la grandeza.

Jueves, 9:30h.; entro por la puerta de Urgencias del Hospital de Manises. Todo indica que el agudo dolor de garganta y la congestión que se ha bajado al pecho pintan como un catarro, una gripe fuerte …

A mi lado una pareja asustada porque “solo salieron de fiesta a casa de unos amigos, y eran pocos.” “Y ahí es donde más se contagian”, dice el médico.

La primera exploración del médico indica que todo va según lo instaurado en mi cabeza, alrededor de esa gripe. Esperamos a que nos hagan el test de PCR rápido. Mientras, vuelven los temblores y el frío, el dolor muscular, que no articular.

Al final, tras un par de horas de espera un poco inquietantes, como en los mejores marcadores de fútbol de la Liga Inglesa, como el Valencia CF en su buena época, el resultado se da la vuelta: Pareja 0 – Juan 1.

Ya sabía yo que esto de ser tan positivo no iba a traerme nada bueno. Al final, positivo también en COVID. Y tu cabeza vuelve a pensar que este 2020 es una prueba de fuego que alguien te está poniendo, un gigantesco obstáculo que, en cuanto lo salves, podrás contemplar el más precioso amanecer.

Y ¿cómo lo gestionas? Pues como siempre (repasad los vídeos de eo-eo 😉 ): con aceptación, esfuerzo, manejando adecuadamente la inteligencia emocional, quitándole trascendencia a lo que no lo tiene y dándoselo a aquello que importa. Y con nervios, y con miedo, y con susto, y con pensamientos negativos… ¡¡CLARO!! Claro que hay miedo, claro que hay respeto, claro que hay de todo eso. Lo que pasa es que es uno mismo quien tiene que saber tomarse la situación de la mejor manera y seguir adelante; porque esto, no nos va a parar

Y aquí entran en juego esas PERSONAS que siempre están en tu vida, esas que a veces dejamos de lado, nos olvidamos en parte de ellas, no les prestamos la atención debida. O si… Pero lo importante es que SIEMPRE ESTÁN. Tus HIJOS, esa bendición que, ahora, es cuando puedes sentirte orgulloso de ellos y de cómo actúan ante esta crisis; herman@s, familia… Y esa otra familia que no se nombra por “títulos” o “cargos” sino que tienen un nombre mucho más bonito: AMIGOS. Siempre ahí, siempre con uno. Son pocos, muy pocos, pero … ¡¡¡ENORMES!!!

Así que aquí estamos, el SARS este y yo, compartiendo cama, pijama, bocatas de calamares y alguna partida de Candy crush … Eso de momento, que mi cabeza aún no ha dejado de girar. En cuanto pare, temblad maldit@s

Se os quiere

P.D: Esto de recoger la comida en el pasillo cuando abro la puerta, como si estuviera encarcelado, no sé yo …

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Encuentros con amigos y sus beneficios

Somos seres sociales, por naturaleza. Por ello, los encuentros con amigos, además de momentos de diversión, son una expresión de la necesidad de vincularnos con los demás. 

Y adicionalmente, estos encuentros tienen una serie de beneficios que deberíamos recordar:

  • el contacto regular con otras personas estimula el buen ánimo
  • nos desestresan, con el consiguiente y alto beneficio en nuestra salud física
  • nos provocan alegría. Reímos y disfrutamos, y esto hace que nuestros problemas pasen a un segundo plano
  • liberamos nuestras tensiones
  • reforzamos los lazos de amistad y crear ese efecto de complicidad con personas menos cercanas
  • nos ayudan a tomar una perspectiva de la realidad con mayor optimismo
  • vernos bien, ponernos en “modo positivo” y mostrar verdadero interés por nuestros amigos provoca el aumento de nuestra seguridad y autoestima
  • para quienes viven solos, les ayuda a alejar al aislamiento y la depresión
  • una vida social activa nos sirve para compartir información de interés: datos sobre aficiones comunes, lugares para visitar, restaurantes interesantes …

Salir con amigos alimenta el alma, confiere soporte anímico y aporta una gran vitalidad. La liberación de tensiones que provoca nos ayuda a abrir la mente, y a encarar nuestro camino de un mejor modo, con mayor entusiasmo y optimismo.

Salir con amigos nos humaniza, nos hace más sensibles a lo que otros puedan estar pasando. En definitiva, nos hace seres más empáticos, potenciando además valores como la generosidad, la abnegación, confianza … 

Salir con los amigos sirve para tomar y sentir el pulso de nuestra propia vida, asegurarnos una rutina activa y original, ser más comunicativos, para saber escuchar a otros y ponernos en su lugar. Nos lleva a lograr una sana estabilidad emocional.

Por eso, siempre mejor con amigos…

Coaching

Extraordinaria rutina

un atardecer de un día cualquiera al volver del trabajo

Como ocurre casi siempre, aquello de nuestro día a día, aquello que forma parte de nuestra rutina, es lo que menos solemos apreciar. Tal vez por su simplicidad, por su sencillez, o quizás por el mero hecho de que siempre ha estado ahí. Tal vez por eso no vemos lo extraordinario de su existencia, de su presencia.

Como ejemplo podemos poner miles: el amanecer o el atardecer, que todos los días tenemos uno de cada y todos los días son preciosos, incluso esos que no se “ven”. No necesitas estar en lo alto de una cumbre ni en la orilla del océano para deleitarte con ese admirable evento que es la salida o la puesta de sol.

Pensad, sencillamente, en todo lo que nos encontramos de camino al trabajo, a casa, al gimnasio, a la compra… Algo a lo que hemos dejado de dar la inmensa importancia que tiene. Nuestro cuerpo. El hecho de poder contar con todos los órganos de los sentidos, y de tener todos nuestros miembros (no carecer de ninguno, vaya), nos lleva a hacer un uso de ellos irreverentemente simple y corriente. Me explico:

Nuestros ojos. Los afortunados que podemos contar con ambos y en buenas condiciones, no somos plenamente conscientes de todo lo que esto supone. Esos colores del cielo, de la naturaleza, del sol… ¡La luz! Poder contemplar a tus seres queridos, sus gestos, sus miradas… ¡La diferencia entre ver y mirar! Contemplar …

Nuestros oídos. Sinfonías deliciosas de exaltación y gozo. Parte esencial de la comunicación. ¡Música! Esos sonidos del mar, de la vida… La voz de tus seres queridos. ¡Susurros!

Nuestra boca. Hablar y que te escuchen. Poder expresar lo que sientes. ¡Comunicar! Saborear y deleitarse con el gusto… Decir te quiero, te amo… ¡Besar!

Nuestras manos y el sentido del tacto. Sentir caricias y besos. ¡Acariciar! Tocar y ser tocados. ¡Doler! Percibir el roce, la sensualidad convertida en tersura. ¡Abrazar!

Poder caminar, correr, saltar … Coger cosas, sentir el tacto de los demás, agarrar con fuerza para ayudar, sostener en tus brazos un bebé…

Todas estas sencillas cosas, a veces aparentemente simples, forman parte de nuestra (extraordinaria) rutina diaria, y tal vez por eso les prestamos menos atención y les damos menos valor del que tienen. Y ahí está la clave. Nuestra rutina está repleta de grandes maravillas, a las que no les concedemos el valor que realmente tienen.

Aquí y ahora, disfruta, siente, VIVE todo lo extraordinario que tienes y que te rodea.

Coaching

House, irreverentemente atractivo

Me gusta House. Bueno, aclarémonos: me gusta ver los capítulos de la serie House, ese médico fuera de serie, brillante diagnosticador único en el mundo, fantástico cabrón integral, analista metódico de la especie humana, Maquiavelo actual y un fuera de serie en temas médicos así como en la maquinación socarrona e irónica con fines, en ocasiones, de mero entretenimiento.

House tiene una mente privilegiada, unas neuronas potentes y activas, rápidas en el procesamiento y ágiles como trapecistas. Le gusta lidiar con la cuerda floja, le gusta examinar a sus colegas, manejar la información a su antojo y, tras una habilidosa manipulación de los hechos y las palabras, poner todo a su favor, con argumentos sólidos y firmes, verdaderos o no. 

Sí, así es House, dueño de uno de los mayores egos del universo, y que rehuye el trato con sus congéneres; un tipo peculiar donde los haya. Tan peculiar que no conozco ninguna persona real que siquiera se acerque mínimamente a la suela de los zapatos de este irreverente personaje. A pesar de su estúpida arrogancia, su insoportable testarudez, su tendencia a no respetar las normas establecidas y sus malas formas… se le quiere.

Supongo que cada género tiene sus motivos para querer a un individuo de esta calaña. No voy a entrar en este asunto dado que no es el tema que me ocupa en este artículo. A mí me maravilla la habilidad de House para enredar, confundir y manipular a quien le rodea, sin distinción por sexo, raza, religión, amistad o cualquier otra característica reseñable. 

Me gusta ver esta serie porque House me hace fijarme, observar lo que ocurre con mayor detenimiento, y centrarme en lo desenfocado, en todo aquello que a priori no es lo prioritario pero que, gracias a la capciosa intervención de nuestro singular protagonista, se convierte por arte de birli birloque en la tarea más acuciante.

House es irónico, socarrón y misterioso, a la par que esquivo, huraño y antisocial. Desde el punto de vista psicológico, podríamos concluir de un modo rápido que cabalga a lomos de la esquizofrenia o de la bipolaridad. Su carácter le ocasiona multitud de problemas a lo largo de la serie, en un intento de corroborar el mito de que los genios superdotados son caracteres extraños, raros, difíciles …

A menudo me quedo con sentencias extraídas de los propios diálogos de algún capítulo. Otras veces me inspira reflexiones interesantes acerca de la vida y la muerte, de las relaciones humanas, de nuestros miedos e ilusiones. Y en un buen número de ocasiones nos ofrece como mínimo un tipo de humor poco habitual, una mirada diferente de muchos de los asuntos cotidianos de la vida, una injerencia en algunas de nuestras creencias más asentadas desde nuestros ancestros, provocando la duda y la introspección.

De hecho, tiene una máxima irrefutable para él, que difunde continuamente como si del mayor dogma de fe existente se tratara: TODO EL MUNDO MIENTE. Sí, en otro artículo, trataremos este asunto … 

Comunicación

Hoy me siento bien

Sí, hoy me siento bien, muy bien.

No soy muy dado a escribir de mis asuntos, mis vivencias, de mis cosas en plan «mi diario«. Pero hoy, antes de acostarme, he visto la libreta y el bolígrafo que me regaló una muy buena amiga hace tiempo, y los he usado. Y he sentido la necesidad de trasladarlo a mi blog, a estas páginas en las que poco a poco, y de vez en cuando, desgrano mis pensamientos, desparramo mis ocurrencias, grabo mis opiniones, me deleito a mi mismo (y espero que a vosotros ) con mi poesía, o simplemente dejo volar mis dedos sobre el teclado para relatar alguna historia, real o ficticia.

Hoy, 22 de septiembre, sin ser un día especial, ha sido un día interesante. Por diversos motivos.

Hoy venía mi Presidente Nacional, Pablo Casado, a inaugurar el curso político del PPCV. Ha sido la confirmación de lo que ya sospechábamos: un gran político, un fantástico orador, un tipo con conocimiento, que ha hilvanado su discurso con datos y argumentos, sin una sola letra escrita ni tan siquiera en un mísero «post-it«. Todo perfectamente ensamblado sin ayuda de papeles ni tecnología. Y coherente. Y sensato. 

Posteriormente, y tras un imprevisto que me ha entretenido un rato, he tenido un partido de pádel, jugando distinto a como siempre, y que hemos disfrutado y vivido como nunca. Ha sido una experiencia diferente, una especie de puesta en escena de aquello que estamos plasmando en un programa de coaching deportivo, y que ha servido para corroborar las excelencias de estas enseñanzas aplicadas a la competición.

Hoy, sin ser un día extraordinario, hoy me siento muy bien. Ha sido una semana muy sugestiva, sugerente, que con sus altibajos, sus vivencias, la puesta en marcha de nuevas iniciativas, el movimiento, la búsqueda de alternativas a algunos aspectos de nuestras vidas, hacen que poco a poco, recojamos los frutos de aquello que vamos sembrando. Y es maravilloso.

Hoy, sin haber sido un día marcado como diferente en el calendario, siento que he alcanzado otra cima, otra más de las muchas que me quedan por pisar.

Hoy me siento bien. Y quería escribirlo …

Actitud

Libérate de los «no puedo»

imagen de www.roastbrief.com.mx

¿No puedo?

No puedo. No se puede. Es imposible.

¿Cuántas veces hemos escuchado estas palabras? ¿Cuántas veces las hemos pronunciado nosotros mismos? Y lo que es peor, ¿cuántas veces nos las hemos creído?

 

Un poco de historia

Hace tiempo, cuando trabajaba en alcaldía del Ayuntamiento de Manises, se me quedó grabada una frase que solía utilizar mucho el alcalde: “si hemos sido capaces de subir a la Luna cómo no se va a poder hacer eso”. Y con esa frase me quedé para lograr conseguir algunos objetivos que, a priori, de otro modo habríamos desestimado.

Está claro que en todo influyen diversas circunstancias que pueden condicionar el logro o no de esos objetivos. Lo que aquí se discute es la actitud. Y en eso sí que podemos influir. Y mucho.

 

Creencias vS Certezas

Las creencias no son certezas. Se trata de sentencias que tienen un arraigo a lo largo del tiempo, pero no por ello obligatoriamente son ciertas o verdaderas. Es decir, se pueden modificar. Preguntadle a Copérnico, o a Colón, o a Galileo …

imagen de rukadecolores.wordpress.com

Somos lo que pensamos. O como dijo Buda, “en lo que pensamos nos convertimos”. Así que con una sencilla regla de tres podemos deducir lo que seremos o en qué nos convertiremos si nuestros pensamientos son negativos.

Los pensamientos negativos son peligrosos. Nuestros pensamientos influyen en nuestro comportamiento y en nuestras emociones. Si aquellos son negativos, harán que baje nuestro nivel de autoestima, nuestro espíritu de superación, causará parálisis emocional y deteriorará nuestro entusiasmo. Inevitablemente todo esto influirá también en nuestro estado físico y, por ende, en nuestra salud.

 

Positivos

Así que mucho mejor si nos colocamos una sonrisa en el cerebro, a modo de filtro, de tal modo que todo lo que entre y lo que salga lo haga con una modelación positiva y alegre. Ello influirá en nuestro estado de ánimo, en nuestras emociones, y repercutirá en una mejora positiva general que nos puede deparar muchas y grandes alegrías.

Y como muestra, un botón. Os dejo el vídeo del “Circo de las Mariposas”.

Disfrutad.

 

Actitud

Loris Karius (o cómo gestionar la presión)

Loris Karius. Muchos no tendréis ni idea de quién es. Otros (los más) lo habréis visualizado, vilipendiado, ridiculizado, os habréis mofado de él… Una pequeña parte se habrá sentido mal por él, le habrá hecho compadecerse o incluso lamentar su situación.

Loris Karius es portero del Liverpool Football Club. Se ha hecho archiconocido a nivel mundial por su actuación en la final de la Liga de Campeones de la UEFA. Su “mala” actuación que, con sus errores (fruto de la presión del momento), contribuyó fuertemente a que su equipo perdiera dicho partido y, consecuentemente, no alcanzara “la Gloria”, ha conseguido ponerle como «trending topic» en las redes sociales.

La cantidad de “memes”, burlas, chanzas, historietas y demás que han llenado las redes sociales como Twitter y Facebook, ha sido enorme. Obviamente todas dirigidas a crucificar al mencionado jugador. Sin embargo, quiero destacar otros aspectos de esta situación que siempre suelen pasar inadvertidos, o que simplemente hemos denostado, abandonado o perdido:

 

  • Para perder una final hay que llegar a ella. Solo puede hacerlo quien ha superado a todos los rivales anteriores. Es decir, solo pierde un partido, el último. Y en cambio, perder una final es interpretado mayormente como un fracaso…

 

  • El portero del Liverpool pidió disculpas a su afición … y ésta le respondió con grandes aplausos. Se valora todo en esa ovación: el haber llegado, el haber podido fallar.

 

  • Un partido no lo juega un solo jugador, con lo cual no lo gana ni lo pierde un solo jugador. Lo gana o lo pierde todo el equipo. Sin embargo no valoramos lo mismo el error del delantero que no marca gol cuando estaba todo a su favor, como el error del portero que supone gol. NI el del defensa que pierde un balón importante o el del jugador que comete una falta tonta y le supone tarjeta amarilla, condicionando el resto de su partido así como el de sus compañeros

 

Y todo esto viene a colación porque juzgamos (a los demás) con una facilidad y una superficialidad sorprendente. En ningún momento nadie ha tenido en cuenta los condicionantes de esos momentos. En ningún momento nadie se ha parado a reflexionar sobre la presión que supone jugar una final, en un ambiente caldeado como es un estadio en esos momentos. Los comentaristas (haciendo un halago de virtuosismo comparativo) lo llaman “olla a presión”. Es más, pocos se han parado a imaginar, a pensar qué habrían hecho en esa misma situación, cómo habrían respondido ante la misma.

Desde la televisión es muy fácil ver los errores y criticarlos. También es sencillo ver las causas y la solución, y aplicarla a posteriori (eso ya lo hacemos menos). Pero nunca se podrá ver la tenaz tensión a la que sometemos a nuestras neuronas, tanto en una dirección como en la contraria.

Aprender a manejar esas situaciones, es esencial en un deportista profesional, máxime cuando se compite en las categorías más altas. De cómo se interactue con estas circunstancias dependerá mucho el progreso y la evolución, y por ende la carrera profesional del deportista. Y esto, es aplicable en todos los ámbitos deportivos, en todas las disciplinas y a todos los niveles.

 

Actitud

Ser valiente no es (solo) cuestión de suerte

Llevaba tiempo sin escribir. Sí, lo sé. No me lapidéis por ello. El caso es que tras una etapa bastante atareada en lo laboral, la neurona andaba un poco saturada y no fluían las ideas. Sin embargo, una buena canción, una buena amiga, una conversación, y un poco de reflexión, me han dado la energía suficiente para iluminar la bombillita.

https-::primerotrosidigo.files.wordpress.com:2014:03:intoSer valiente no es sólo cuestión de suerte. Es parte de la letra de una canción de Vetusta Morla. Su título es precisamente “Valiente”. Y de eso se trata. De serlo.

Antes que nada quiero dejar claro que para mí la suerte no existía como algo etéreo que te caía sin más. Siempre he pensado que la suerte se crea. Como me dijo otra amiga, “la suerte no existe, hay que labrársela”. Efectivamente, así creo yo que es. Más aún desde que mi “seño” de Coaching, Anna Fortea, me dio la definición más acertada que conozco de lo que es. Lo pongo en grande y remarcado:

SUERTE = PREPARACIÓN + OPORTUNIDAD

Así se entiende mucho mejor el concepto de suerte. Cuando estás preparado, y por ello se entiende formado, educado, hecho en algo, podrás aprovechar la oportunidad que se te presente en el momento en que se te presente. Y oportunidades tenemos todos los días, oigan. Eso es así. Otra cosa es que seamos capaces de verlas o tengamos los recursos necesarios para poder aprovecharlas. Y además, hay que ser valiente.

Sí amigos y amigas, hay que ser valiente (y no, no voy a decir que también hay que ser valienta :P). El mero hecho de estar preparado y que se te presente una oportunidad no significa que seamos capaces de aprovecharla. Como se suele decir en nuestro rico idioma en un plano más coloquial e informal: “hay que echarle huevos”. Y para eso no todo el mundo vale… ¿O sí?

Normalmente las oportunidades no vienen pintadas de alegres y llamativos colores (de eso debemos encargarnos nosotros pintando los días de colores 😉 ). En muchas ocasiones son grises, oscuras y puede que tenebrosas. Y en una buena parte suponen tener que levantarse del sofá y echar a andar. En resumen, suelen traer consigo una necesidad de salir de nuestra zona de confort. Y ahí, AHÍ, es donde radica el quid de la cuestión. Ahí es donde cada cual puede demostrar su valentía. Empezando por tomar la decisión de sacar partido de esa posibilidad que se nos presenta.

new-sad-boy-wallpaperTomar decisiones no es algo fácil. Como decía Quim Gutiérrez en la película “Primos”: “Desayunar, no es tan fácil como parece.” Desde que nos despertamos estamos tomando decisiones, en todo momento. La mayoría de ellas no somos conscientes de que las tomamos, se han convertido en automáticas. El problema viene cuando debemos tomar una decisión meditada. Y ahí influyen muchos y variados factores que, de una u otra forma, nos obligan a cambiar algo, a movernos de nuestro sofá y echar a andar en una dirección determinada de antemano por nosotros mismos.

No, no es fácil. Ni imposible. Se trata de superar miedos, de ser valientes. Valiente no es quien no siente miedo; valiente es quien supera ese miedo y se arriesga a avanzar. Y creedme: vale la pena. Se aprende, se mejora, se asciende, se obtienen beneficios SIEMPRE. En dos palabras que también me inculcó muy bien Anna: SE EVOLUCIONA.

Como veis, ser valiente no es sólo cuestión de suerte. En muchas ocasiones ni siquiera es necesaria ésta para que tengamos la oportunidad de demostrarlo.

 

Os dejo un vídeo musical interesante 🙂